Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Se calló y me miró con aire inquisitivo, con aquella mirada furibunda; me tenía cogido de una mano, como si temiera que me fuera a marchar. No me cabe ninguna duda de que en ese momento estaba haciendo memoria, tratando de descubrir dónde podía haber oído yo aquella historia que muy poca gente conocía, y pensando si representaba algún peligro para él. Eso duró cosa de un minuto; súbitamente, la cara le volvió a cambiar y sus ojos recuperaron la expresión burlona y jovial de antes. Se echó a reír a carcajadas.