Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Nellie, ¿qué te pasa? ¿Estás enferma? —le pregunté, inclinándome hacia ella y estrechándola entre mis brazos.
Se apretó contra mÃ, temblorosa, como si estuviera asustada, pronunció unas palabras entrecortadas, a toda prisa: parecÃa que hubiera estado esperando mi llegada únicamente para contarme aquello. Pero sus palabras resultaron extrañas e incoherentes; yo no entendà nada, estaba delirando.