Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —SÃ, doctor. Efectivamente, se está comportando de forma extraña, pero yo lo achaco a sus nervios. Ayer estuvo muy obediente; hoy, en cambio, al ir a suministrarle la medicina, le ha dado un manotazo a la cucharilla, aparentemente sin querer, y se ha caÃdo toda. Cuando he intentado volver a preparársela, me ha quitado de golpe la caja de los polvos y la ha tirado al suelo, y después se ha echado a llorar… Pero no creo que fuera por intentar obligarla a que se tomara la medicina —añadÃ, tras una breve reflexión.
—¡Vaya! Irritación. Con lo mal que lo ha pasado —yo le habÃa contado al doctor, con toda franqueza, muchos detalles de la historia de Nellie, y mi relato le habÃa impresionado—, no es extraño que haya caÃdo enferma. De momento, la única solución es tomarse los polvos, y eso es lo que tiene que hacer. Voy a ver si consigo convencerla de que siga las recomendaciones médicas y… o sea, en definitiva… de que se tome los polvos.