Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Ha sido un descuido muy molesto —dijo tranquilamente el médico—, y sospecho que lo ha hecho usted aposta, lo cual es algo muy censurable. Pero… la cosa tiene remedio y podemos preparar otra vez la medicina.
Nellie se rió sin disimulo delante de él.
El doctor sacudió metódicamente la cabeza.
—Eso está muy feo —dijo, diluyendo de nuevo los polvos en agua—; es algo muy, muy censurable.
—No se enfade conmigo —respondió Nellie, intentando en vano no volver a reÃrse—; me lo tomaré sin falta… Pero ¿usted me quiere?
—Si se porta usted como es debido, la querré mucho.
—¿Mucho?
—Mucho.
—¿Y ahora no me quiere?
—Ahora también la quiero.
—¿Y me dará un beso si se lo pido?
—SÃ, si se lo merece usted.
En ese momento Nellie fue incapaz de contenerse y se echó a reÃr otra vez.
—La paciente tiene un carácter muy alegre, pero todo esto no son más que nervios y caprichos —me susurró el doctor con cara muy seria.
—Muy bien, me tomaré los polvos —gritó de pronto Nellie con su débil vocecilla—. Pero, cuando crezca y sea mayor, ¿se casará usted conmigo?