Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos De manera que se presentó en casa a las primeras de cambio, bien provista de suministros. Tras anunciar, de entrada, que no pensaba marcharse de allí y que había venido a ayudarme, deshizo su paquete. Traía dulces en almíbar y confituras para la enferma, unos pollos y una gallina por si empezaba a recuperarse, manzanas para asar, naranjas, frutas escarchadas de Kiev (en caso de que el médico lo autorizara) y, por último, ropa blanca, sábanas, servilletas, camisones, vendas, compresas… Había para montar un hospital de campaña.