Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Llegó a pelearse incluso con Aleksandra Semiónovna: le dijo que no quería nada de ella. Pero, cuando empecé a regañarla, delante de la propia Aleksandra Semiónovna, se acaloró y reaccionó con un estallido de rencor acumulado, aunque de pronto se calló y se pasó dos días enteros sin dirigirme la palabra, negándose a tomar las medicinas, e incluso a comer y a beber. Sólo el viejo doctor fue capaz de convencerla y hacerla entrar en razón.