Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Basta, Natasha, qué cosas tienes! Pero ¡si no es más que una crÃa!
—Que pronto cumplirá catorce años. Esa exasperación obedece a que tú no comprendes su amor, como también es posible que ella misma no comprenda lo que le ocurre; es una exasperación que tiene mucho de infantil, pero no por ello deja de ser seria y tormentosa. Ante todo, Nellie está celosa de mÃ. Tú me quieres tanto que, muy probablemente, cuando estás en casa, no paras de preocuparte por mÃ, de acordarte de mÃ, de hablarle de mÃ, y, en consecuencia, a ella no le prestas suficiente atención. Ella se ha dado cuenta y se ha sentido herida. Es posible que desee hablar contigo, que sienta la necesidad de abrirte su corazón, pero no sabe cómo hacerlo, se avergüenza y no entiende lo que le pasa; tal vez está esperando a que se presente la ocasión, y tú, en lugar de proporcionarle esa ocasión, te alejas de ella, vienes aquà a las primeras de cambio e incluso cuando ha estado enferma la has dejado sola todo el santo dÃa. Y eso es lo que lamenta: te echa en falta, y lo que más le duele es que tú ni siquiera te das cuenta. Ahora mismo, en un momento como éste, la has dejado sola para venir a verme. Y en consecuencia mañana estará enferma. ¿Y cómo has podido dejarla? Vuélvete con ella cuanto antes…
—Yo no la habrÃa dejado, pero…