Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Ya lo sé. Te he pedido yo que vinieras. Pero ahora vete.
—Ya me voy, pero, por descontado, no me creo una sola palabra de todo esto.
—Porque su caso es muy distinto al de los demás. No te olvides de toda su historia, tenla presente y lo creerás. Esa niña no se ha criado como tú y como yo…
A pesar de todo, ya era muy tarde cuando volvà a casa. Aleksandra Semiónovna me contó que Nellie, al igual que en aquella otra ocasión, habÃa llorado mucho y se habÃa quedado dormida «entre lágrimas», como entonces.
—Bueno, me voy, Iván Petróvich, como me dijo Filipp FilÃppich. El pobre me estará esperando.
Le di las gracias y me senté a la cabecera de la cama de Nellie. Me pesaba mucho haberla dejado en aquellas circunstancias. Me quedé mucho rato a su lado, hasta bien entrada la noche, sumido en mis reflexiones… Era un momento decisivo.
Pero tengo que contar lo ocurrido durante aquellas dos semanas.