Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Por lo que respecta a su actitud severa y distante conmigo, aunque me preocupaba y me dolía, no impedía que, en el fondo de mi corazón, siguiera confiando en Natasha: era consciente de lo mal que lo estaba pasando y veía que estaba muy apenada. Cualquier intromisión aumentaba su disgusto y su enojo. En tales circunstancias, la intervención de los amigos cercanos que conocen nuestros secretos sólo contribuye a empeorar nuestro humor. Pero yo sabía muy bien que en el último minuto Natasaha volvería a acudir a mí, buscando alivio en mi corazón.