Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Soy un canalla, soy un miserable, Vania —empezó a decirme—; tienes que salvarme de mà mismo. No lloro por ser un canalla y un miserable, sino porque Natasha va a ser una desgraciada por mi culpa. La condeno a la infelicidad… Vania, amigo mÃo, dÃmelo tú, decide por mÃ, ¿a cuál de las dos quiero más: a Katia o a Natasha?
—Eso no lo puedo decidir yo, Aliosha —respond×; tú deberÃas saberlo mejor que yo…
—No, Vania, no se trata de eso; no soy tan estúpido como para hacer esa clase de preguntas; lo que ocurre es que ni yo mismo conozco la respuesta. Me lo pregunto y no soy capaz de contestar. Pero tú lo miras desde fuera, y a lo mejor lo ves con más claridad que yo… En fin, aunque no lo sepas, dime al menos cuál es tu impresión.
—A mà me parece que quieres más a Katia.
—¡Eso es lo que crees! ¡No, no, en absoluto! Estás muy confundido. Amo a Natasha por encima de todas las cosas. Jamás podrÃa dejarla, por nada del mundo; se lo he dicho a Katia, y ella está completamente de acuerdo conmigo. ¿Por qué no dices nada? He visto cómo te sonreÃas. Ay, Vania, tú nunca me consuelas cuando más lo necesito, como ahora… ¡Adiós!