Humillados y ofendidos

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En cierto momento, Aliosha le comentó que necesitaría dinero para todo el tiempo que él iba a estar fuera, y le dijo que no se preocupara, porque su padre le había prometido dinero en abundancia para el viaje. Natasha frunció el ceño. Después, cuando nos quedamos los dos solos, le comuniqué que yo disponía de ciento cincuenta rublos para ella, por lo que pudiera pasar. No me preguntó de dónde había salido ese dinero. Todo esto ocurrió dos días antes de la partida de Aliosha y la víspera del primer y último encuentro entre Natasha y Katia. Katia le había mandado una nota con Aliosha en la que rogaba a Natasha que le permitiera hacerle una visita al día siguiente; también me escribió a mí, pidiéndole que estuviera presente en la entrevista.

Yo me hice a la idea de que tenía que estar a las doce (la hora señalada por Katia) en casa de Natasha, por muchos impedimentos que me pudieran surgir. Y los problemas y los impedimentos abundaban. En los últimos tiempos los Ijménev me daban muchos quebraderos de cabeza. Por no hablar de Nellie.





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