Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

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Le expuse claramente mi parecer. En concreto, que su marido ya no tenía fuerzas para seguir viviendo sin Natasha y que podía hablarse, con toda certeza, de una pronta reconciliación; pero que, en cualquier caso, todo dependía de las circunstancias. De paso, le planteé mis propias conjeturas: por una parte, era muy probable que el desenlace adverso del proceso hubiera turbado y conmocionado profundamente a Nikolái Sergueich, por no hablar ya del daño que habría recibido su amor propio al verse derrotado por el príncipe y de su indignación por la forma en que se había resuelto el pleito. En esos momentos el alma necesita sentirse acompañada, y habría añorado, con mayor pasión aún, a aquélla a la que siempre había querido más que a nada en el mundo. Por último, también era posible que hubiera oído (dado que estaba pendiente de su hija y lo sabía todo sobre ella) que Aliosha iba a abandonarla en breve. Sería consciente de lo mal que lo estaría pasando y de lo mucho que iba a necesitar que la consolaran. Pero, a pesar de todo, no había sido capaz de dominarse: su sentimiento de haber sido humillado y ofendido por su hija era más fuerte. Seguramente estaba convencido de que su hija no iba a dar el primer paso para reconciliarse, que quizá ella ni siquiera pensaba en sus padres y no sentía ninguna necesidad de volver con ellos. Eso era lo que debía de pensar, dije, a modo de conclusión; por eso no había llegado a terminar la carta, y siempre podían surgir nuevas desavenencias, más dolorosas incluso que las anteriores, que retrasasen aún más la reconciliación…


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