Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Decidí no mencionarle al principio el encuentro a Natasha, y esperar a que se marchara Aliosha y se quedara sola para decírselo. En aquellos momentos ella estaba tan abatida que, aunque hubiera podido entender y juzgar toda la trascendencia del hecho, no habría sido capaz de aceptarlo y sentirlo como lo habría hecho más tarde, en el instante supremo de la tristeza avasalladora y de la desesperación. Todavía no había llegado el momento.

Aquel día podría haber vuelto a casa de los Ijménev, y me entraron verdaderas ganas de hacerlo, pero al final no fui. Tenía la impresión de que para Nikolái Sergueich habría sido duro tener que verme; podría pensar incluso que, después de nuestro encuentro, había ido aposta. Fui a visitarlos al cabo de dos días; el viejo estaba deprimido, pero me recibió con toda naturalidad y estuvo todo el tiempo hablándome de sus asuntos.

—Por cierto, ¿a quién ibas a ver en aquel piso, cuando nos encontramos el otro día?… ¿Cuándo fue aquello?… Hará un par de días, si no me equivoco —preguntó de pronto, como si tal cosa, aunque, de todos modos, desvió la mirada.

—Un amigo mío vive ahí —respondí, apartando la mirada a mi vez.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker