Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —La escalera es empinada —contesté.
—Bueno, sÃ… la escalera… Pero dÃgame: ¿no irá a enfadarse Natasha conmigo?
—No, ¿por qué?
—SÃ, claro… es verdad, ¿por qué? Ahora voy a comprobarlo yo misma; ¿qué falta hacÃa preguntar?
Le ofrecà la mano. Estaba pálida, parecÃa muy asustada. Se detuvo en el último descansillo para tomar aire, pero me miró y siguió subiendo con decisión.
Volvió a detenerse justo delante de la puerta, y me susurró:
—Sencillamente, voy a entrar a decirle que tengo plena confianza en ella y por eso he venido sin temor… Pero ¿qué estoy diciendo? Estoy convencida de que Natasha es la criatura más noble que hay. ¿No es verdad?
Entró tÃmidamente, como si se sintiera culpable de algo, y miró atentamente a Natasha, la cual le sonrió de inmediato. Entonces Katia fue rápidamente hasta ella, le cogió las manos y acercó sus pequeños labios carnosos a los labios de Natasha. A continuación, sin decirle una palabra a Natasha, se volvió hacia Aliosha con aire serio e incluso severo y le pidió que nos dejara media hora a solas.