Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Katia se habÃa preparado, al parecer, para una larga discusión en torno a la cuestión de quién podÃa hacer feliz a Aliosha y cuál de las dos deberÃa ceder. Pero, tras la respuesta de Natasha, comprendió de inmediato que todo estaba decidido hacÃa ya tiempo y que no habÃa más que hablar. Con sus hermosos labios medio cerrados, contemplaba con tristeza e incredulidad a Natasha, sin soltarle la mano.
—¿Y usted le quiere mucho? —preguntó de repente Natasha.
—SÃ; pero hay otra cosa que también querÃa preguntarle, y he venido precisamente por eso. DÃgame: exactamente, ¿por qué le quiere usted?
—No lo sé —respondió Natasha, y en su respuesta pareció vibrar una nota de amarga impaciencia.
—¿Y qué piensa de él? ¿DirÃa que es inteligente? —preguntó Katia.
—No, yo le quiero, nada más.
—Y yo también. Yo siempre siento lástima de él.
—Igual que yo —contestó Natasha.