Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡SÃ! —contestó.
—¡Pero eso no puede ser! —grité exaltado—. ¿No sabes que eso es imposible, Natasha, pobrecita mÃa? ¡Es una insensatez! ¡Vas a matarlos a ellos y a arruinar tu propia vida! ¿Lo sabes, Natasha?
—Lo sé, pero ¡qué le voy a hacer, no puedo evitarlo! —dijo, y en sus palabras se percibÃa tanta agonÃa como si se encaminara a su ejecución.