Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Vuelve, regresa antes de que sea tarde —le suplicaba, pero, cuanto mayor era mi ardor e insistencia, más cuenta me daba de la total inutilidad de mis exhortaciones y de lo absurdas que resultaban en aquel preciso instante—. ¿Eres consciente, Natasha, del daño que vas a hacerle a tu padre? ¿Lo has pensado siquiera? ¿No te das cuenta de que su padre es enemigo del tuyo, de que el prÃncipe le ha injuriado y le ha acusado de haberle robado dinero, de que le ha llamado ladrón, de que tienen un pleito? ¿Eh? Y eso no es lo peor, ya lo sabes, Natasha… (¡Oh, Dios mÃo, si lo sabes de sobra!) ¿No comprendes que el prÃncipe ha acusado a tus padres de que ellos mismos, a propósito, te han comprometido con Aliosha cuando estaba en vuestra casa, en la aldea? Piénsalo, figúrate cómo habrá sufrido tu padre por esa calumnia. ¡Si se le ha puesto todo el pelo blanco en estos dos años! ¡Si no hay más que mirarlo! Pero lo principal es que tú lo sabes todo, Natasha, ¡por Dios! ¡Ya no hablo de lo que supone para ambos perderte sin remedio! A ti, que eres su tesoro, que eres todo lo que les ha quedado en su vejez. No quiero ni hablar de eso: tú ya debes saberlo; recuerda que tu padre considera que has sido injustamente calumniada, agraviada por esa gente altanera, ¡sin que se te haya vindicado! Y ahora, precisamente ahora, se ha reavivado todo eso, se ha recrudecido la vieja y dolorosa hostilidad por haber acogido a Aliosha en vuestra casa. El prÃncipe ha vuelto a calumniar a tu padre, al viejo le hierve la sangre por esta nueva ofensa, ¡y ahora va a resultar que todo eso, todas esas acusaciones son ciertas! Todos los que conocen el asunto le darán la razón al prÃncipe, y os acusarán a tu padre y a ti. ¿Qué será de él ahora? ¡Esto va a acabar con él! Vergüenza, deshonra, y ¿por culpa de quién? Por culpa tuya, por culpa de su hija, ¡su querida y única niña! ¿Y tu madre? No sobrevivirá al viejo… ¡Natasha, Natasha! ¿Qué estás haciendo? ¡Vuelve! ¡Recapacita!