Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —SÃ, sÃ, eso es… AsÃ, de todos modos, dispondrán ustedes de otros cuatro dÃas para estar juntos —exclamó Katia, encantada, intercambiando con Natasha una mirada muy significativa.
No puedo describir el entusiasmo de Aliosha ante los nuevos planes. De pronto se sintió totalmente reconfortado; su rostro estaba radiante de alegrÃa, abrazó a Natasha, le besó la mano a Katia, me abrazó a mÃ. Natasha le miró con una sonrisa triste, pero Katia fue incapaz de soportarlo. Me dirigió una mirada febril, relampagueante, abrazó a Natasha y se levantó de su asiento, decidida a marcharse. Muy oportunamente, en ese instante la francesa mandó a un criado exigiendo que pusieran fin a la entrevista cuanto antes, pues la media hora estipulada ya habÃa transcurrido.
Natasha se levantó. Se quedaron las dos de pie, la una enfrente de la otra, cogidas de la mano, intentando expresar con la mirada todo lo que se agolpaba en sus almas.
—Me imagino que nunca volveremos a vernos —dijo Katia.
—Nunca, Katia —respondió Natasha.
—Entonces, hay que despedirse.
Se abrazaron.