Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

De repente, los ojos de Natasha centellearon:

—¡Ah! ¡Eres tú! ¡Tú! —me gritó—. Ahora te has quedado solo. ¡Le odiabas! Nunca has podido perdonarle que le haya amado… Aquí estás otra vez, ¡a mi lado! ¿Y bien? Otra vez has venido a consolarme, a intentar convencerme de que regrese con mi padre, que me desprecia y me maldice. ¡Ayer mismo lo he vuelto a saber, después de dos meses! ¡No quiero, no quiero! ¡Yo también los maldigo! ¡Vete de aquí, no puedo ni verte! ¡Fuera de mi vista, fuera!

Me daba cuenta de que estaba fuera de sí y mi presencia la ponía enferma; también me daba cuenta de que era algo de lo más natural, así que juzgué preferible marcharme. Salí y me senté en el primer escalón a esperar. De vez en cuando me levantaba, abría la puerta, llamaba a Mavra y le preguntaba. Mavra no paraba de llorar.

Así pasó una hora y media. No soy capaz de describir cuál fue mi estado durante ese tiempo. Tenía el corazón en un puño, y sufría de una forma atroz. De pronto la puerta se abrió y Natasha salió precipitadamente, con capa y sombrero. Parecía ausente, y ella misma me confesó después que en esos momentos no sabía adónde iba con tanta prisa ni qué se proponía hacer.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker