Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos La tomé de la mano, me acomodé en el sofá, la senté en mis rodillas y la besé con calor. Se puso colorada.
—¡Nellie, ángel mÃo! —dije—. ¿Quieres ser nuestra salvación? ¿Quieres salvarnos a todos? —Me miró con incredulidad—. ¡Nellie! ¡Eres nuestra única esperanza! Se trata de ese padre al que ya has visto en otras ocasiones; ese que maldijo a su hija y que vino ayer a pedirte que ocuparas en su hogar el lugar que ha dejado esa hija. Ahora la hija, Natasha (¡recuerda que dijiste una vez que la querÃas!), ha sido abandonada por el hombre al que amaba, el mismo que fue el causante de que se marchara de casa de sus padres. Es el hijo de ese prÃncipe que vino a verme una noche, ¿te acuerdas?, y que te encontró aquà sola… Tú te escapaste de él y luego te pusiste enferma… ¿Sabes de quién te hablo, verdad? ¡Es un malvado!
—SÃ, ya sé —contestó Nellie, estremeciéndose y poniéndose pálida.
—Pues sÃ, es un malvado. Odia a Natasha porque su hijo, Aliosha, querÃa casarse con ella. Hoy Aliosha se ha ido, y una hora más tarde su padre se ha presentado en casa de Natasha y se ha puesto a insultarla, luego ha amenazado con meterla en la cárcel y se ha burlado de ella. ¿Entiendes lo que te quiero decir, Nellie?
Sus negros ojos centellearon, pero en seguida bajó la mirada.