Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —El fabricante de ataúdes, su casero —aclaré.
—Cuando mamá se levantó de la cama y volvió a hacer vida normal, me habló de Azorka.
Nellie hizo una pausa. El viejo pareció aliviado al ver que la conversación iba a girar en torno al perro.
—Y ¿qué es lo que te contó de Azorka? —preguntó, cada vez más encorvado en su asiento, como si quisiera a toda costa esconder el rostro y dirigir la mirada al suelo.