Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos En ese momento se oyó un trueno muy fuerte, se puso a diluviar y las gotas de lluvia empezaron a golpear los cristales; la habitación se quedó a oscuras. La vieja pareció asustarse y se santiguó. De repente, todos nos quedamos callados.
—En seguida escampa —dijo el viejo, mirando por la ventana; después se levantó y empezó a recorrer la habitación de un lado a otro.
Nellie le miraba de reojo. Se hallaba en un estado extremo, anómalo, de agitación. Yo me daba cuenta, a pesar de que ella evitaba mi miraba.
—Bueno, ¿y qué pasó después? —preguntó el anciano tras sentarse nuevamente en su asiento. Nellie, asustada, miraba a su alrededor—. ¿Ya no volviste a verlo?
—Sí, sí que le vi…
—¡Venga, venga, cuenta! Cuéntanoslo, preciosa —intervino Anna Andréievna.
