Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Ya os habÃa dicho yo que en seguida iba a escampar; pues ya lo veis: ha dejado de llover y ha vuelto a salir el sol… Mira, Vania —dijo Nikolái Sergueich, vuelto hacia la ventana.
Anna Andréievna le miró completamente estupefacta, y la indignación se reflejó de inmediato en los ojos de la anciana, que hasta entonces se habÃa mostrado acobardada y sumisa. Sin decir nada, cogió a Nellie de la mano y se la sentó en las rodillas.
—Cuéntame, ángel mÃo —dijo—, que yo te escucho. Y deja que los que tienen el corazón de piedra…
No pudo acabar la frase y se echó a llorar. Nellie me miró inquisitiva, parecÃa indecisa y asustada. El viejo me miró; parecÃa que iba a encogerse de hombros, pero en seguida se dio la vuelta.
—Sigue, Nellie —dije.