Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Es ese ArjÃpov —dije— del que le hablé, Nikolái Sergueich; el que estaba con un comerciante en casa de la Búbnova y se llevó una paliza. Era la primera vez que Nellie le veÃa… Sigue, Nellie.
—Le paré y le pedà dinero, un rublo de plata[61]. Él me miró y me preguntó: «¿Un rublo de plata?». Entonces se echó a reÃr y me dijo: «Vente conmigo». Yo no sabÃa si ir o no; de pronto de acercó un hombre mayor, con gafas doradas… Me habÃa oÃdo pedir el rublo… Se inclinó sobre mà y me preguntó para qué necesitaba yo tanto dinero. Le dije que mamá estaba enferma y que ese dinero nos hacÃa falta para las medicinas. Quiso saber mi dirección, y la anotó, y me dio un billete, por valor de un rublo de plata. El otro, al ver acercarse al anciano con gafas, se alejó y no volvió a insistir en que le acompañara. Yo entré en una tienda y cambié el rublo por monedas de cobre; aparté treinta kópeks para mamá y los envolvà en un trozo de papel, pero las siete grivny restantes las dejé sin envolver y las cogà en la mano aposta y me fui a casa del abuelo. Al llegar, abrà la puerta, me quedé plantada en el umbral y tiré de golpe todo el dinero, y las monedas rodaron por el suelo. «¡Ahà tiene su dinero! —le dije—. Mamá no necesita nada de usted, sabiendo que usted la maldice». Entonces cerré de un portazo y me marché corriendo.