Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —SÃ, pero ésos tienen la vida resuelta y no tienen que escribir a plazo fijo; yo, en cambio, ¡parezco un caballo de postas! Pero, bueno, ¡todo esto no son más que bobadas! Vamos a dejarlo, querida. Cuéntame, ¿alguna novedad?
—Muchas. Lo primero, ha habido carta suya.
—¿Otra vez?
—Otra vez. —Y me tendió una carta de Aliosha. Era ya la tercera después de la ruptura. La primera se la habÃa escrito desde Moscú, y parecÃa fruto de un arrebato. Le comunicaba que, por una serie de circunstancias, le resultaba imposible volver de Moscú a San Petersburgo como habÃan proyectado al despedirse. En su segunda carta anunciaba urgentemente que iba a venir en cuestión de dÃas para acelerar el casamiento con Natasha, que la decisión estaba tomada y no habÃa fuerza humana que pudiera impedirlo. Sin embargo, por el tono de la carta quedaba claro que estaba desesperado, que cada vez estaba más sometido a la influencia de terceros y que habÃa perdido la confianza en sà mismo. Mencionaba, entre otras cosas, que Katia era su único amparo, que sólo ella le consolaba y apoyaba. Abrà con ansiedad aquella tercera carta suya.