Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Nos vamos, nos vamos, amigos, nos vamos! —dijo entusiasmado—. Ya lo ves, Vania, lo triste es que vamos a tener que separarnos… —Debo hacer notar que en ningún momento me propuso que me fuera con ellos, algo que, dado su carácter, sin duda habrÃa hecho… en otras circunstancias, esto es, si no hubiera sabido que yo estaba enamorado de Natasha—. Bueno, ¡qué se le va a hacer! ¡Qué se le va a hacer! Lo siento en el alma, Vania; pero el cambio de aires nos va a dar nueva vida… Cambiar de residencia implica… ¡cambiarlo todo! —añadió, mirando una vez más a su hija.
CreÃa en lo que decÃa, y estaba contento de creer en ello.
—¿Y Nellie? —dijo Anna Andréievna.