Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Me di la vuelta, porque es preferible que te lo cuente ahora, Vania. Siéntate. Mira, es un asunto bastante estúpido, e incluso bastante molesto…
—¿De qué se trata?
—Resulta que el muy sinvergüenza del prÃncipe, hace dos semanas, ha vuelto a ponerme furioso; tanto que aún sigo furioso.
—Pero ¿qué es lo que ha pasado? No me digas que todavÃa tienes trato con el prÃncipe…
—Ya estás preguntando qué es lo que ha pasado, como si hubiera tenido que pasar Dios sabe qué. Tú, hermano Vania, eres igualito que mi Aleksandra Semiónovna y, en general, que todas esas hembras insufribles… ¡No las puedo soportar! Que grazna un cuervo, ya están preguntando qué ha pasado…
—No te enfades.
—Yo no me enfado, pero hay que mirar las cosas con calma, sin alharacas… Eso es todo.
Estuvo un rato callado, como si siguiera enfadado conmigo. Yo no le quise interrumpir.
—Mira, hermano —empezó de nuevo—, he dado con una pista… Me refiero a que, en realidad, no es que haya dado con ninguna pista, pero sà ha habido algo que me ha llamado la atención… Quiero decir, que dándole vueltas he llegado a la conclusión de que Nellie… a lo mejor… Bueno, en una palabra, que Nellie es hija legÃtima del prÃncipe.