Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Qué dices!
—¿Lo ves? ¡Ya estás gritando y diciendo que qué digo! ¡Con esta gente no se puede hablar! —gritó, haciendo grandes aspavientos—. ¿O es que te he dicho algo definitivo, cabeza de chorlito? ¿Te he dicho acaso que esté probado que es la hija legÃtima del prÃncipe? ¿Te lo he dicho o no te lo he dicho?
—Escucha, mi querido amigo —le interrumpÃ, muy agitado—, por el amor de Dios, no grites y explÃcamelo todo, de manera clara y concisa. Te juro que te voy a entender. Date cuenta de hasta qué punto se trata de un asunto importante, y de qué consecuencias…
—Consecuencias ¿de qué? ¿Dónde están las pruebas? Asà no se hacen las cosas, y lo que voy a contarte es un secreto. Y, si quieres saber por qué me he decidido a hablar ahora de esto contigo, ya te lo explicaré más tarde. Naturalmente, ha de haber una razón. Tú cállate y escucha, y ya sabes que es un secreto…