Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —No, Maslobóiev, no puede ser, te lo estás inventando —le grité—. No es sólo ya que ella no sepa nada de esto; es que Nellie, de hecho, tiene que ser hija ilegÃtima. De haber obrado en su poder alguna clase de documento, ¿cómo iba su madre a soportar una existencia tan miserable como la que tuvo que soportar aquà en San Petersburgo y, sobre todo, cómo iba a condenar a su hija a semejante orfandad? ¡Déjalo ya! ¡Es imposible!