Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¿Qué pasó luego? Date cuenta: yo tenÃa la convicción moral más firme, pero ni una sola prueba concreta, ni una sola, a pesar de todos mis desvelos. ¡La situación era crÃtica! HabrÃan hecho falta informes del extranjero, pero ¿de dónde concretamente? Yo era consciente, por descontado, de que me esperaba una dura pelea, de que en el mejor de los casos podrÃa asustarlo a base de insinuaciones, hacerle creer que sabÃa más de lo que sabÃa…
—Muy bien, ¿y qué?