Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Claro que sÃ, te lo juro! —exclamé—. Y, sobre todo, espero, Maslobóiev, que hagas todo lo que esté en tu mano por ayudar a Nellie, a esa pobre huérfana ofendida, y que no vayas a actuar únicamente movido por tu propio interés…
—¿Y a ti qué más te da, alma de cántaro, que yo me preocupe por mi interés? Con tal de que haga lo que tenga que hacer… ¡Eso es lo importante! Naturalmente, lo hago ante todo por esa huérfana, es una cuestión de humanidad. Pero tú, Vania, no me condenes irrevocablemente si me preocupo por lo mÃo. Soy un hombre pobre, y no tendrÃa que haberse atrevido a ofender a los pobres. No sólo me quita lo mÃo, sino que para colmo se burla, el muy canalla. Asà que, en tu opinión, ¿deberÃa mirarle el diente a ese ratero? Morgen früh[64]!
A la mañana siguiente, nos quedamos sin la fiesta de las flores. Nellie se puso peor, y ni siquiera pudo salir de su cuarto.
Y ya nunca más volverÃa a salir de ese cuarto.