Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Me perdonará, no cabe duda, sólo que tal vez no lo haga de inmediato. No importa. Le demostraré que yo también tengo carácter. No hace más que reprenderme diciendo que no tengo carácter, que soy frÃvolo. Ahora verá si soy frÃvolo o no. Llevar una familia no es ninguna broma; entonces ya no seré ningún crÃo… Lo que quiero decir es que seré como todos los demás… me refiero a los que tienen una familia. Viviré de mi trabajo. Natasha dice que eso es mucho mejor que vivir a expensas de otro, como hacemos todos los de mi clase. ¡Si supiera usted los buenos consejos que me da! A mà nunca se me habrÃa ocurrido; es que yo me he criado de otra forma, no me han educado asÃ. En verdad, yo mismo sé que soy un atolondrado y que apenas valgo para nada; sin embargo, mire, anteayer se me ocurrió una idea excepcional. Aunque ahora no es el momento, se lo voy a contar de todos modos, porque es preciso que lo oiga también Natasha, y que usted nos aconseje. Verá: quiero escribir novelas y vendérselas a las revistas, igual que usted. Me ayudará con la prensa, ¿verdad? Contaba con usted. Ayer me pasé toda la noche ideando una novela, a modo de prueba, y ¿sabe usted?, podrÃa salir una obrita bastante agradable. El tema lo he tomado de una comedia de Scribe[27]… Más tarde se lo contaré. Lo importante es que cobraré dinero por ella… porque a usted le pagan, ¿no?
No pude por menos que sonreÃr.