Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Hum! ¡Ahí tienes tu literatura, Vania! —gritó casi con rabia—. ¡Te ha llevado hasta una buhardilla y acabará llevándote al cementerio! ¡Te lo dije entonces, te lo vaticiné! Y ese tal B., ¿sigue escribiendo críticas?

—Pero si está muerto; murió de tuberculosis. Creo que ya se lo conté.

—¡Muerto! ¡Hum! ¡Está muerto! Claro, es lógico. ¿Y dejó algo a su mujer y a sus hijos? Porque me dijiste que estaba casado, ¿no? ¡Para qué se casará esa gente!

—No, no dejó nada —respondí.

—¡Ya lo ves! —exclamó tan acalorado como si el asunto le concerniera o le afectara a él personalmente, como si el difunto B. fuera su propio hermano—. ¡Nada! ¡Nada de nada! Pues debes saber, Vania, que yo ya tenía el presentimiento de que iba a acabar así cuando tú no parabas de colmarlo de elogios, acuérdate. Se dice pronto: ¡no ha dejado nada! ¡Hum! ¡Se ha ganado la gloria! Pues por mucho que se haya ganado la gloria imperecedera, eso no da de comer. Yo, hermano, también presentía lo que te iba a pasar a ti, Vania; te elogiaba, pero en mi fuero interno lo presentía. ¡Conque murió B.! ¡Cómo no iba a morir! La vida es hermosa… y también este sitio, ¡fíjate!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker