Los demonios
Los demonios —Mon Dieu, mes amis, todo esto es tan inesperado para mí…
Por fin volvió Sofia Matvéievna. Pero se sentó en el banco con aire triste y abatido.
—¡No tengo modo de llegar a Spásov! —le dijo a la patrona.
—¿Cómo? Entonces, ¿usted también va a Spásov? —Stepán Trofímovich cobró nuevos bríos.
El caso es que una hacendada, Nadezhda Yegórovna Svetlítsyna, le había dicho la víspera que la esperase en Játovo, con la promesa de llevarla a Spásov, pero no había aparecido.
—Y ahora ¿qué hago? —insistía Sofia Matvéievna.
—Mais ma chère et nouvelle amie[375], yo puedo llevarla, igual de bien que esa hacendada, a ese, lo que quiera que sea, a esa aldea; si yo ya tengo un coche alquilado, y mañana… bueno, mañana vamos juntos a Spásov.
—Pero ¿usted también va a Spásov?
—Mais que faire, et je suis enchanté![376] Yo la llevo de mil amores; mire, ésos quieren llevarme, ya nos hemos puesto de acuerdo… ¿Con quién de vosotros he llegado a un acuerdo? —Stepán Trofímovich, de pronto, se moría de ganas de ir a Spásov.