Los demonios
Los demonios Apenas me molestaron a raÃz de aquello, si bien me hicieron las preguntas de rigor. Lo único que dije fue que la chica habÃa estado enferma y delirando, por lo que yo me habÃa ofrecido a costearle un médico. También me preguntaron sobre el cortaplumas, y les conté que la madre la habÃa castigado por ese motivo, pero que no habÃa tenido mayor importancia. Nadie se habÃa enterado de que yo habÃa estado allà aquella tarde. De los resultados de la investigación de los médicos no oà nada.
Me abstuve de ir por allà más o menos una semana. Fui a dar aviso a la patrona de que dejaba la habitación, pero eso fue bastante tiempo después del entierro. La casera seguÃa llorando, aunque andaba ya trajinando con sus retales y cosiendo, como de costumbre. «Por culpa de su cortaplumas la reñà sin motivo», me dijo, pero sin excesivo reproche. Saldé mi cuenta con ella, utilizando como pretexto para marcharme que, después de lo ocurrido, no podÃa recibir más a Nina Savélievna en aquella casa. Cuando ya me iba, volvió a deshacerse en elogios de Nina Savélievna. Antes de salir, le di cinco rublos de más.