Los demonios
Los demonios —Alekséi NÃlych acaba de regresar del extranjero, después de cuatro años de ausencia —terció Liputin—; ha estado viajando para perfeccionarse en su especialidad y, si está aquÃ, es porque confÃa, y no le faltan razones para ello, en obtener un puesto en las obras de construcción de un puente ferroviario en nuestra ciudad; ahora está esperando una respuesta. Ha conocido a los Drozdov y a Lizaveta Nikoláievna, a través de Piotr Stepánovich.
El ingeniero tenÃa cara de pocos amigos, y escuchaba con un aire de incómoda impaciencia. Me daba la impresión de que estaba molesto por algo.
—También conoce a Nikolái Vsévolodovich.
—¿Conoce usted a Nikolái Vsévolodovich? —le preguntó Stepán TrofÃmovich.
—También lo conozco.
—Yo… llevo muchÃsimo tiempo sin ver a Petrusha y… siento que apenas tengo derecho a llamarme padre… c’est le mot[89]; yo… ¿cómo lo ha dejado?
—Pues como siempre… él también va a venir —una vez más, respondió con desgana el señor KirÃllov. Decididamente, estaba molesto.