Los demonios
Los demonios —En la calle BogoiavlĂ©nskaia, en casa de FilĂppov.
—Ah, ahà es donde vive Shátov —comenté espontáneamente.
—Justamente, en la misma casa —exclamó Liputin—; solo que Shátov vive arriba, en el desván, mientras que él se ha instalado abajo, con el capitán Lebiadkin. Conoce a Shátov, y también a su mujer. En el extranjero tuvo una relación muy estrecha con ella.
—Comment! ÂżSabe usted algo del infeliz matrimonio de ce pauvre ami[93] y esa mujer? —exclamĂł Stepán TrofĂmovich, dejándose llevar por una emociĂłn repentina—. Es usted la primera persona que conozco que haya sido testigo directo de esa historia, y solo con que…
—¡QuĂ© tonterĂa! —le cortĂł el ingeniero, furioso—. ¡QuĂ© forma de inventar, Liputin! En absoluto he visto a la mujer de Shátov; solo una vez, y de lejos, pero nunca de cerca… A Shátov sĂ lo conozco. ÂżPor quĂ© tiene que añadir toda clase de cosas?
Se volviĂł bruscamente en el sofá, agarrĂł su sombrero, lo volviĂł a soltar y, sentándose de nuevo igual que antes, fijĂł sus indignados ojos negros en Stepán TrofĂmovich, con aire provocador. Yo no podĂa explicarme a quĂ© obedecĂa aquella extraña irritabilidad.
—Le pido disculpas —observĂł Stepán TrofĂmovich con gravedad—, entiendo que puede tratarse de un asunto muy delicado…