Los demonios
Los demonios —Sà que lo estudia, sà que lo estudia —terció Liputin—; ya ha empezado su estudio, y está preparando un curiosÃsimo artÃculo sobre las causas del aumento de los casos de suicidio en Rusia y, en general, sobre los factores que llevan al incremento o disminución de los suicidios en una sociedad. Ha llegado a unos resultados asombrosos.
El ingeniero estaba terriblemente agitado.
—No tiene ningún derecho —balbuceó con ira—, nada de artÃculos. Yo no me meto en esas tonterÃas. Le he preguntado confidencialmente, por un descuido. No hay ningún artÃculo; no voy a publicar, y usted no tiene ningún derecho…
Era evidente que Liputin estaba disfrutando de lo lindo.
—Pido disculpas, seguramente he hecho mal llamando artÃculo a su trabajo literario. Lo que hace es recopilar una serie de observaciones, pero sin llegar al fondo de la cuestión o, por asà decir, a su faceta moral; es más, rechaza abiertamente la idea de la moralidad como tal, y defiende el novedoso principio de la destrucción general en aras de un bien último. Reclama más de cien millones de cabezas para la implantación del sentido común en Europa, bastante más de las que reclamaban en el último Congreso de la Paz. En ese sentido Alekséi NÃlych ha ido más lejos que nadie.