Los demonios

Los demonios

—¿Una hermana enferma? ¿Con una nagaika? —gritaba Stepán Trofímovich, como si el azotado por la nagaika fuera él—. ¿Qué hermana? ¿Quién es ese Lebiadkin?

Todo su terror anterior había reaparecido en un instante.

—¿Lebiadkin? Ah, sí; es ese capitán en la reserva; antes se presentaba como teniente…

—Y ¡a mí qué me importa el grado! ¿Qué hermana? Dios mío… Dice usted: ¿Lebiadkin? Pero si aquí tuvimos a un Lebiadkin…

—Pues ese mismo, nuestro Lebiadkin; ¿se acuerda?, en casa de Virguinski…

—Pero ¿a ése no lo habían cogido con unos documentos falsos?

—Pues ahora está de vuelta, hace ya casi tres semanas, y en unas circunstancias muy particulares.

—Pero ¡si es un sinvergüenza!

—¿Es que no puede haber sinvergüenzas entre nosotros? —dijo Liputin, enseñando de pronto los dientes y escudriñando a Stepán Trofímovich con sus ojillos pícaros.

—Ah, Dios mío, yo no quería decir eso… aunque, por otra parte, si hablamos de sinvergüenzas, estoy de acuerdo con usted, sobre todo con usted. Bueno, y ¿qué más? ¿Qué ha querido decir usted con eso?… ¡Porque algo habrá querido decir!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker