Los demonios
Los demonios De hecho, lo más seguro es que Varvara Petrovna lo aborreciera con mucha frecuencia; pero hubo una cosa de la que él nunca fue capaz de darse cuenta: había acabado convirtiéndose en un hijo para ella, en su criatura, incluso podría decirse que en su invención; había llegado a ser carne de su carne, y si ella lo mantenía y lo sustentaba no era tan solo, ni mucho menos, por «envidia de su talento». ¡Cómo tuvieron que dolerle a Varvara Petrovna tales suposiciones! En medio del continuo odio, de los celos, del desprecio, en ella se ocultaba un inagotable amor por él. No permitía que le cayera encima una mota de polvo, lo cuidó como a un niño veinte años, se pasaba las noches sin dormir si había alguna cuestión que pudiera comprometer su reputación como poeta, científico o personaje público. Ella lo había inventado, y era la primera que creía en su propio invento. Él venía a ser algo así como su sueño… Pero era mucho lo que ella le exigía a cambio, a veces hasta la esclavitud. Y su resentimiento podía llegar a extremos increíbles. Voy a contar dos anécdotas en ese sentido.