Los demonios
Los demonios Fue en la primavera de 1855, en el mes de mayo, nada más conocerse en Skvoréshniki la noticia de la muerte del teniente general Stavroguin, un frívolo anciano que había fallecido a causa de unos trastornos gástricos de camino a Crimea, adonde se dirigía a toda prisa para incorporarse al ejército en campaña. Varvara Petrovna quedaba así viuda y obligada a guardar luto riguroso. Lo cierto es que tampoco debió de lamentar en exceso su pérdida, pues llevaba cuatro años separada de su marido, dada su incompatibilidad de caracteres, y era ella la que le pasaba una asignación. (El teniente general contaba tan solo con ciento cincuenta almas y con su sueldo, además de su posición y sus relaciones; toda la riqueza de Skvoréshniki pertenecía a Varvara Petrovna, hija única de un acaudalado rentista). No obstante, ella se sintió muy afectada por la inesperada noticia y se recluyó en un completo aislamiento. No hace falta decir que Stepán Trofímovich no se alejó de ella en ningún momento.