Los demonios
Los demonios Cuando Stepán Trofímovich, diez años más tarde, me contó esta triste historia hablando en voz muy baja y con la puerta cerrada, me juró que se había quedado de piedra, hasta el punto de que ni vio ni oyó salir a Varvara Petrovna. Y, como ella jamás hizo después la menor alusión a aquel incidente y todo siguió como antes, durante toda su vida él se sintió inclinado a creer que se había tratado de una alucinación, de un síntoma que anunciaba la enfermedad, sobre todo porque aquella misma noche, efectivamente, cayó enfermo, y estuvo indispuesto dos largas semanas, cosa que, de paso, puso fin a sus encuentros en el cenador.
Pero, a pesar de su teoría de la alucinación, todos los días de su vida estuvo esperando la continuación y, digámoslo así, el desenlace de aquel episodio. ¡No se creía que hubiese terminado de aquella manera! Y, en ese caso, a veces tuvo que mirar a su amiga de una forma muy extraña.