Los demonios
Los demonios —Señora, hay circunstancias que obligan a soportar la deshonra familiar antes que proclamar bien alto la verdad. ¡No será Lebiadkin quien se vaya de la lengua!
Estaba ofuscado; se sentÃa inspirado; era consciente de su importancia: probablemente habrÃa soñado con algo asÃ. TenÃa ganas de ofender, de dañar, de exhibir su poderÃo.
—¡Llame, por favor, Stepán TrofÃmovich! —le pidió Varvara Petrovna.