Los demonios
Los demonios Se inclinĂł con dignidad ante Varvara Petrovna y no dijo ni palabra (lo cierto es que se habĂa quedado sin ellas). HabrĂa querido irse sin más, pero no pudo contenerse y se acercĂł a Daria Pávlovna. Ésta, al parecer, ya lo presentĂa, porque enseguida, muy asustada, tomĂł la palabra, como si tuviera prisa por adelantarse a Ă©l:
—Por favor, Stepán TrofĂmovich, por el amor de Dios, no diga usted nada —empezĂł a hablar a toda prisa, enardecida, con el semblante compungido y alargando la mano hacia Ă©l precipitadamente—; puede estar seguro de que le respeto como antes… y de que le aprecio y… tenga usted tambiĂ©n un buen concepto de mĂ, Stepán TrofĂmovich, eso serĂa muy importante para mĂ, muy importante…
Stepán TrofĂmovich se inclinĂł profundamente, muy profundamente, ante ella.
—Tú decides, Daria Pávlovna; ¡sabes que en este asunto todo está en tus manos! Ha estado y está, ahora y en el futuro —concluyó con gravedad Varvara Petrovna.
—¡Vaya, ahora lo entiendo todo! —Piotr Stepánovich se dio un golpe en la frente—. Pero… ¿en qué situación quedo yo ahora? ¡Daria Pávlovna, perdóneme, por favor!… Y ahora, ¿qué es lo que has hecho conmigo, eh? —añadió, dirigiéndose a su padre.