Los demonios

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La gente no tardó en enterarse de que Yulia Mijáilovna, excepcionalmente, había ido a visitar a Varvara Petrovna, y de que le habían comunicado, junto a la entrada de la casa, que no podía recibirla, «por motivos de salud». También se supo que dos días después de aquella visita Yulia Mijáilovna había enviado un menaje interesándose por la salud de Varvara Petrovna. Finalmente, se impuso la misión de «defender» en todas partes a Varvara Petrovna, naturalmente en el sentido más elevado de la palabra o, lo que es lo mismo, de la forma más imprecisa posible. En cualquier caso, todos los comentarios apresurados que se hicieron al principio sobre los sucesos del domingo los escuchaba con frialdad y con aire severo, de modo que en los días sucesivos ya no se repitieron en su presencia. Así fue ganando terreno la idea de que Yulia Mijáilovna no solo conocía toda aquella historia misteriosa, sino también su significado más profundo, hasta en sus detalles más nimios, y no como una mera observadora, sino como persona involucrada en los hechos. Señalaré, de paso, que ya estaba adquiriendo entre nosotros, de forma gradual, esa influencia decisiva que sin duda buscaba y pretendía, y que ya empezaba a verse «rodeada por un círculo de escogidos». Parte de la sociedad le reconocía inteligencia práctica y tacto… pero ya hablaremos de eso. Su protección, además, explicaba en parte los rápidos éxitos alcanzados por Piotr Stepánovich en nuestra sociedad, éxitos que entonces sorprendieron sobremanera a Stepán Trofímovich.


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