Los demonios
Los demonios La verdad, no siempre me hacía callar con aspavientos. Alguna vez me dio la sensación de que aquella misteriosa resolución se iba esfumando de algún modo y Stepán Trofímovich empezaba a luchar con una nueva y tentadora afluencia de ideas. Era algo ocasional, pero no quiero dejar de mencionarlo. Tenía yo la sospecha de que mi amigo estaba deseando hacerse notar de nuevo, salir de su aislamiento, desafiar al adversario, librar la última batalla.
—Cher, ¡los haría pedazos! —soltó el jueves por la tarde, después de su segundo encuentro con Piotr Stepánovich, cuando yacía en el sofá, con la cabeza envuelta en una toalla.
Hasta entonces no me había dicho una sola palabra en todo el día.