Los demonios
Los demonios —Fils, fils chéri[161],, y todo eso; estamos de acuerdo en que todas esas frases son un absurdo, charla de cocineras, pero qué se le va a hacer, ahora ya me doy cuenta. Yo no lo alimenté, no sacié su sed, lo mandé de BerlÃn, a la provincia de J., siendo un niño de pecho, con el correo, bueno, y todo eso, estamos de acuerdo… «Tú —me dice— no has hecho nada por mÃ, no me alimentaste y me mandaste con el correo, y luego aquà me has robado». «Pero, infeliz —le grito—, mi corazón toda la vida ha sufrido por ti, ¡aunque te mandara con el correo!». Il rit[162]. Pero estoy de acuerdo, estoy de acuerdo… ¡que sÃ, que lo mandé con el correo! —concluyó, como en un delirio.
A los cinco minutos le dio otra vez: