Los demonios
Los demonios —Pero, entonces, ¿qué es lo que quiere? —dijo Nikolái Vsévolodovich, levantando finalmente la voz—. Hace media hora que estoy bajo su látigo, y por lo menos deberÃa dejarme marchar cortésmente… salvo que tenga algún motivo racional para tratarme de este modo.
—¿Un motivo racional?
—Indudablemente. Tiene la obligación, por lo menos, de explicarme lo que pretende. He estado todo el tiempo esperando que lo hiciera, pero solo me he encontrado con su rencor frenético. Haga el favor de abrirme el portal.
Se levantó de la silla. Shátov se lanzó tras él furioso.
—¡Bese la tierra, riéguela con sus lágrimas, pida perdón! —exclamó, agarrándolo del hombro.
—A pesar de todo, no le maté… la otra mañana… Aparté las manos… —dijo Stavroguin casi con dolor y bajando los ojos.