Los demonios
Los demonios —Usted es ateo porque es un señorito, el más señorito de los señoritos. Ha perdido la distinción entre el bien y el mal, porque desconoce a su pueblo. Llega una nueva generación, salida directamente del corazón del pueblo, y ni usted, ni los Verjovenski, padre e hijo, ni yo, la conoceremos; yo tampoco, porque también soy un señorito, yo, el hijo de su siervo y lacayo Pashka… Escuche, llegue a Dios por medio del trabajo; todo reside en eso; de lo contrario, desaparecerá como una miserable capa de moho; llegue a Él por medio del trabajo.
—¿Que llegue a Dios por medio del trabajo? ¿Qué trabajo?
—De campesino. Vaya, renuncie a sus riquezas… ¡Ah, se rÃe usted! ¿Teme que se trate de un truco?
Pero Stavroguin no se reÃa.