Los demonios
Los demonios —Estoy de acuerdo con que la idea básica del autor es verÃdica —me decÃa, en un estado febril—, pero ¡por eso mismo es más horrible! Es justamente nuestra idea, tal cual; fuimos nosotros los primeros en sembrarla, en nutrirla, en abonar el terreno… después de lo que hicimos nosotros, ¿qué podrÃan decir ellos que fuera nuevo? Pero, Dios mÃo, ¡qué manera de expresarlo todo, de distorsionarlo, de mutilarlo! —exclamó, tamborileando con los dedos en el libro—. ¿Para llegar a estas conclusiones nos esforzamos tanto nosotros? ¿Quién puede reconocer aquà la idea original?
—¿Te estás cultivando? —preguntó Piotr Stepánovich con una sonrisa burlona, después de tomar el libro de la mesa y leer el tÃtulo—. Ya era hora. Puedo conseguirte cosas mejores, si quieres.
Stepán TrofÃmovich mantuvo dignamente su mutismo. Yo estaba sentado en un sofá en un rincón.
Piotr Stepánovich le explicó rápidamente la razón de su visita. No hace falta decir que Stepán TrofÃmovich estaba atónito, y escuchaba con alarma, mezclada con una extrema indignación.
—Y ¡esa Yulia Mijáilovna cuenta con que yo vaya a leer para ella!